GLOBOS, Raül Martínez

 

Globos

Raül Martínez, Globos

Según he ido escribiendo me he dado cuenta de que no se escribe por amor al arte, tampoco por el ser amado, ni por altruismo ninguno.

La escritura es un ejercicio narcisista (¿onanista?) con el que intentamos darnos algo de calor a nosotros mismos. Es del amor a uno mismo (o de su carencia) de donde nace la letra: escribimos para formularnos, para darnos forma; intentamos decir: “¡somos esto!” Yo no soy yo sino en tanto que lo afirmo, para constituirme psicológicamente necesito construirme un sentido. Lo propiamente humano es la creación de sentido; lo demasiado humano es olvidar que el sentido es una creación: la naturalización del sentido constituye tiranías tan aborrecibles como la religión, la ley o el convencionalismo. Sin embargo, la fabricación autoconsciente de sentido (ese juego deliberado) constituye la feliz actividad mental humana: la invención de una metafísica. Sin duda escribimos para darnos esa metafísica: dejar de ser simplemente cuerpo mortal para ser concepto eterno (¿eterno, he dicho? jajaja, me estoy poniendo platónico.) A mí, personalmente, la supervivencia de esa metafísica una vez yo muera no me interesa en absoluto. Escribo para la vida de esa metafísica, que no puede tener valor para mí después de mi muerte. Cuando la metafísica no es una cosa viva, se convierte en pesadas piedras, lápidas que lo aplastan a uno en vida: tablas de la ley. La metafísica viva, sin embargo, la metafísica personal y autoconscientemente construida, siempre sujeta al cambio y en movimiento constante, le da a uno un ideal de sí mismo que sirve como brújula, como modelo individualmente elegido, como plan, como camino a seguir. Y lo más importante: lo justifica a uno, justifica su vida, y su manera de vivir. No solo vivir a nuestra manera pedimos, sino también el reconocimiento de nuestro derecho a hacerlo. Todo el conjunto de mis escritos no es sino un intento por justificar mi modelo de vida. Cuando ese modelo se desajusta al de las tablas de la ley (estudiarás, trabajarás, te casarás, tendrás hijos) la voluntad de reivindicación del camino propio y la voluntad de propaganda de los sentidos y los modelos periféricos se hacen especialmente necesarias. Porque la literatura tiene, también, un valor social: que es el de compartir el individuo, el de entregarse individualmente a un conjunto más amplio, ofrecer la intimidad a lo público. Cuando yo escribo, lo que hago es en realidad desnudarme, y así entro en la esfera de lo social, entendido en el mejor sentido de la palabra: el de conjunto, el de orgía (sería incapaz de entender una literatura que no fuera erótica). Y de este modo, con mi desnudez, incito a los demás a desnudarse, a aceptar mi vida y a participar de ella, a relacionarse conmigo del modo que a mí me gusta relacionarme: dionisíaca, exuberante, terrible, y tremendamente. Bienvenido, lector, a mis escritos: porque ahora voy a hacerte el amor.

 

NOCHE EN BATAD

 

La noche ha caído ya (temprano, como siempre)

y ha abrigado hasta mañana las terrazas de arroz;

desde el porche no se ve ya nada.

Se adivina, sin embargo,

una presencia: el canto de los grillos y el agua corriente.

Y el quejido constante de las cascadas.

 

En la casa nos recogemos

con el calor de un hogar. Y disfrutamos

de la nostalgia del día que ya ha pasado;

con la satisfacción de quien tiene a mano

un vaso de agua y comida caliente.

 

Los niños se han cansado de jugar;

los viejos, de mirar al infinito.

Bajo la mesa los cachorros maman

de la madre.

Y yo miro a mi pareja con ojos que casi lloran

de la alegría de saber que voy a abrazarlo esta noche.

 

***

 

THE LAST TYPHOON

 

The last night we spent together

the storm lights made us shake

like animals.

And the wind blew so strong that we thought it was going to boot the roof.

We had typhoon.

 

Inside the bedroom

―our bedroom, babe:

that mattress lying on the floor

of the living room―

our bodies hugged so strong that they wanted to be inside the other ―and they did.

They wanted to look for inside the other the shelter to our fear.

 

This was our fear:

the strength of World and Life

―who are stronger than us―

trying to force us, trying to split us and destroy us

―and they did it already, so I write you from the distance.

 

In the morning we made love (again) and we slept

a little bit more.

And I woke up before you and saw you breathing and didn’t want to wake you up.

Then I did. I told you:

‘The last night is gone. All we have now

is to pack our things and say goodbye’.

And you started to cry, and

we cried together.

 

***

 

GLOBOS PLURIFORMES

 

Te quiero porque estás vivo.

Hoy he visto una atracción

para niños

Y me he acordado de ti.

A veces me vienes así,

improvisadamente,

desde tan lejos… Y recuerdo

tu sonrisa enorme, y

tus ojos curvos de filipino.

 

Esta tarde, en Granada,

centésima tarde esperándote

a once mil quilómetros de allí,

he visto un tiovivo.

Artesanal, con caballos

de neumático, y una bici

estática, donde pedaleaba un hombre

para mover la máquina.

Con su sudor se ganaba el pan

el feriante y la sonrisa de los niños,

pequeños jinetes. Les repartía chupa-chups

cuando pasaban.

 

Y yo pensaba…

Qué cosa más bella, el ingenio mecánico

de un hombre inteligente

al servicio

de las sonrisas infantiles.

Su talento artístico, evidente

en los caballos de goma,

al servicio del fantasear.

Y su tiempo, su cuerpo

(que se ríe de su mente),

entregado al feliz sacrificio del esfuerzo,

tanto más feliz cuando se hace por un niño.

 

Tú y yo nunca podremos tener hijos.

Lo he pensado de repente

(he visto en las suyas tu sonrisa):

jamás daremos la moneda al feriante.

 

¡Oh de los raros! ¡Oh

de los otros! ¡Vivimos condenados

a nuestra forma de amar, a

nuestros cuerpos, “iguales en figura

y en deseo”!

 

Mi mente se ha inundado

de un torrente de imágenes

personales,

que tú y yo compartimos,

supraconvencionales,

por encima de la voluntad social,

de la política o de la cultura.

 

Te he recordado respirando tantas veces…

Y mi cabeza sobre tu pecho,

sobre tu piel suave de filipino…

escuchando.

(Tu corazón).

La noche en que nos conocimos

(shots of gin

and lots of love)

o la primera vez que follamos sin condón

(en aquél hostal de montaña, amor mío,

frente a las terrazas de arroz,

donde te escribí un poema:

no pudimos resistirnos, fue más fuerte

el placer que la conciencia).

Y aquella vez que te soltaste

y  nos manchamos de mierda

(y nos limpiamos: no pasó nada).

Y la noche fría de la espera

(¡qué fría, y qué cara de tontos!:

me creía que la sífilis era mortal)

de las pruebas, por fortuna negativas,

los dos solos en el hospital.

Y cada vez que reímos,

o nos emborrachamos mucho…

 

Así pasaron los días, el mes

más feliz de mi vida,

con escena final en la estación

(tras la noche fatal

del último tifón):

estallé en tus brazos

y tú no quisiste llorar.

(No te lo perdonaré nunca).

Pero es la vidita que palpita en cada ser humano

lo que amamos: no importa que

seamos torpes.

Te quiero, Nikki, porque estás vivo.

Y no me importa el Matrimonio

ni la Inmigración.

 

Sin hijo ninguno,

felicité por su trabajo al feriante,

lejos de ti.

Yo, Raül Martínez,

natural de Barcelona,

caucásico,

pelo castaño y ojos azules,

metro ochenta y dos,

catorce centímetros de pene,

homosexual,

felicité al feriante por divertir al hijo que tú y yo no tendremos

y me alejé paseo abajo.

 

Y vi los globos,

los infinitos globos multicolores,

pluriformes,

que una gitana amarraba con las cuerdas,

sacudirse embravecidos con la fuerza del viento.

 

Y la vida me ha parecido

un montón de globos flotantes.