SHAKESPEARE, LOS BLOGGERS Y LA ESTÉTICA DE LOS SENTIDOS SUPERIORES (I), Raffaele Pinto

1. Shakespeare y los bloggers.

 

El soneto 141 de Shakespeare plantea en un registro de parodia un tema che la lírica moderna había desarrollado desde sus orígenes trovadorescos come problema estrictamente estético, en el marco de la exploración de los aspectos psicopatológicos del  deseo sexual. Puesto que el amor consiste en una alienación de la mente (“alienatio mentis”) que se fija obsesivamente en una persona del otro sexo[1], convirtiéndola en objeto imaginario continuamente presente (“immoderata cogitatio”), ¿qué papel juega, en su estimulación, la presencia física de esta persona? Dicho de otra manera, la percepción sensible de una mujer, o sea poderla ver y oír, interviene de manera necesaria o bien sólo accesoria en la experiencia del deseo? El poeta se interroga sobre esta disyuntiva examinando la intervención de sus cinco sentidos, y de las correspondientes potencias del alma, en la pasión que le lleva a la locura:

 

In fait I do not love tee with mine eyes,

For they in thee a thousand errors note,

But ‘t is my heart that loves what they despise,

Who in despite of view is pleas’d to dote.

Nor are mine ears with thy tongue’s tune delighted,

Nor tender feeling to base touches prone,

Nor taste, nor smell, desire to be invited

To any sensual feast with thee alone:

But my five wits, nor my five senses can

Dissuade one foolish heart from serving thee,

Who leaves unsway’d the likeness of a man,

Thy proud heart’s slave and vassal wretch to be:

Only my plague thus far I count my gain,

That she that makes me sin, awards me pain.

 

A fe mía, no te amo con mis ojos, pues ellos

En ti advierten mil tachas; mas lo que ellos desdeñan

Lo ama el fiel corazón, que a despecho de todo

Lo que ven, se complace en amar con locura.

Ni tampoco el sonido de tu voz enajena

Mis oídos, ni el tacto, dado a innobles caricias,

Ni el olfato ni el gusto quieren ser invitados

A un convite sensual donde sólo estés tú.

Mas mis cinco sentidos y mis cinco potencias

No disuaden al loco corazón de servirte,

Y así queda sin rumbo la apariencia de un hombre,

Ruin vasallo y esclavo de tu espíritu altivo.

Esta pena que es fiebre favorable la juzgo,

La que me hace pecar me señala el castigo.

[Trad. de Carlos Pujol]

 

A la cuestión implícitamente planteada aquí (si el corazón puede entregarse a la amada en contra del testimonio y la opinión de los cinco sentidos), había contestado positivamente el provenzal Jaufre Rudel (siglo XII), que en la canción Lanquan li jorn son lonc en may declara estar perdidamente enamorado de una mujer que nunca vió[2], y negativamente el siciliano Giacomo da Lentini (siglo XIII), que en el soneto Amor è uno desio che ven da core, afirma que solo el deseo producido por la visión de la persona amada puede enajenar al amante con  furiosa intensidad. La disyuntiva acompaña la reflexión sobre el amor  que desde entonces ocupa a los intelectuales europeos, determinando diferentes actitudes críticas al respecto: la primera opción dará lugar a todo tipo de contaminación entre amor profano y amor religioso; la segunda, en cambio, está alineada ideológicamente con las posiciones médico-aristotélicas sobre el deseo (Andreas Capellanus, Arnau de Vilanova etc.)[3].

 

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La polémica entre los sentidos (en particular los ojos) y el corazón o la razón forma parte del repertorio lírico y de la psicografía erótica, y aparece a menudo en el cancionero de Shakespeare. Los sonetos 46 (Mine eye and heart are at a mortal war) y 47 (Betwixt mine eye and heart a league is took), por ejemplo,  desarrollan el tema de la lucha entre ojos y corazón en la forma de una diálectica entre imagen externa e imagen interna de la persona amada. El texto que analizamos tiene distinto enfoque, ya que aborda el problema estrictamente gnoseológico del tipo de conocimiento objetual que el deseo supone. Pero se trata del mismo motivo lírico, o sea de la introspección del sujeto enfermo de amor llevada a cabo a través de la personificación y contraposición de las potencias del alma (o funciones psíquicas). Entre las fuentes che podrían haber inspirado a Shakespeare está el cap. XXXVII de la Vita Nuova, de Dante, en el cual la aparición de la “donna gentile” (la gran rival de Beatriz después de la muerte de ésta, en la segunda parte del libro) pone los ojos del protagonista, atraídos por la nueva imagen de belleza, contra su corazón, que se obstina en seguir recordando a su primer amor[4]. Pero el soneto debe leerse no como reformulación más o menos ingeniosa de temas antiguos, sino como parodia, genialmente provocadora, del petrarquismo y su tendencia a espiritualizar el deseo hacia la mujer. De acuerdo con el materialismo ideológico característico del poeta inglés, la aparente repugnancia hacia los aspectos físicos y carnales de la amada encubre irónicamente una tensión de deseo orientada primordialmente hacia tales aspectos. La socarronería del último verso (“la misma mujer que me hace pecar me indica el castigo”, que consiste evidentemente en hacer el amor con ella, lo que el poeta de ninguna manera querría porque el cuerpo de ella repugna a sus sentidos “platónicamente” educados) pone al descubierto la cínica idea que inspira el soneto, y que el registro cómico no consigue disimular[5].

El reduccionismo sensualista de la temática petrarquista es rasgo común de los llamados “poetas metafísicos”. La canción de John Donne, Air and Angels, que parodia el tema estilnovista de la “donna angelicata”, muestra perfectamente esta deriva materialista del petraquismo, planteando la necesidad de que el ángel (puro espíritu) amado por el poeta, adquiera finalmente  un cuerpo en el cual su amor pueda encarnarse (1-14):

 

Twice or thrice had I loved thee,

Before I knew thy face or name;

So in a voice, so in a shapless flame

Angels affect us oft, and worshipp’d be;

Still when, to where thou wert, I came,

Some lovely glorious nothing I did see:

But since my soul, whose child love is,

Takes limbs of flesh, and else could nothing do,

More subtle not be, but take a body too;

And therefore what thou wert, and who,

I bid Love ask, and now

That it assume thy body, I allow,

And fix itself in thy lip, eye, and brow.

 

Dos o tres veces a ti te hube amado,

antes de que tu rostro o nombre conociera.

Así, en una voz, en una llama informe,

a menudo los ángeles nos mueven y son reverenciados.

Cuando, hacia donde estabas yo acudía,

una gloriosa, encantadora nada percibía.

Pero, puesto que mi alma, cuyo hijo es el amor,

sus miembros toma de la carne, y nada de otro modo hacer podría,

más sutil que su madre

no debe el amor ser, sino tomar también un cuerpo.

Y así, lo que tú fuiste, y quién,

pedí al Amor que preguntara, y ahora

que tu cuerpo asuma, yo autorizo,

y que en tu labio se fije, y en tu ojo, y en tu ceja.

[trad. de Purificación Ribes]

 

Lo que sin embargo me interesa subrayar ahora del soneto de Shakespeare es una posible lectura literal del texto, que no tenga en cuenta la intención paródica con la cual se escribió, y que por lo tanto tome en serio la repugnancia que el poeta simula para el cuerpo de la mujer deseada. Y no se trata de una hipótesis hermenéutica friamente formulada en abstracto, sino de una modalidad real de su recepción, que se da en ambientes que están muy alejados de la crítica especializada y que por lo tanto son representativos de la exégesis que hoy en día el gran público hace del clásico inglés. Me ocurrió en efecto ver citado este texto en un blog de internet, o sea en una de aquellas páginas webs que muy a menudo tienen forma de diario personal, y que presentan, en comparación con los diarios convencionales, la peculiaridad  de ser accesibles a todo el mundo, y abiertas al comentario y al diálogo colectivos[6]. En una de estas páginas la autora había transcrito y publicado la traducción italiana del soneto. La iniciativa había sido saludada por los contertulios con admiración y con la petición del texto original inglés.

No había comentarios sobre el contenido del soneto, pero era muy evidente que su éxito entre los bloggers se debía a la consonancia ideal entre la hipótesis que el texto plantea de una relación afectiva intensa y totalizante que no dependa de la presencia física de la persona amada (que los sentidos del amante desdeñan), y la experiencia actualísima de relaciones personales a distancia que la Red ha creado en estos años y que está transformando  la mentalidad y la vida moral de los jóvenes de todo el mundo. Shakespeare se imagina una relación de dependencia personal en la cual no interviene la sensibilidad (más aún, a todos los cinco sentidos del enamorado resulta repugnante el cuerpo de ella);  plantea así la posibilidad de un lazo afectivo “de corazón a corazón”, sin pasar a través de ninguno de los instrumentos perceptivos que suelen mediar las relaciones interpersonales. Y éste es, justamente, el nuevo universo moral que la tecnología informática e Internet han creado: una red de relaciones afectivas que prescinden totalmente de la presencia física del otro, y que por esto no necesitan, para ser estimuladas y alimentadas, del aparato perceptivo fisiológico (que se vuelve obsoleto en la nueva dinámica del deseo a distancia). Incluso podría decirse que la distancia que la red crea favorece una intimidad positivamente orientada que es cada vez más difícil y problemática en las relaciones presenciales (el infierno en el que va trasformándose la familia, para personas que perciben la convivencia como una experiencia coactiva, es prueba de ello).

 

El núvol a la xarxa

Para acercarnos a este nuevo mundo de la escritura que la informática y la telemática han generado, hay que fijarse en el doble y divergente movimiento que Internet significa en el plano de las relaciones humanas: por un lado la posibilidad de reducir la distancia personal entre desconocidos creando una intimidad afectiva impensable en el marco de relaciones convencionales; por el otro la supresión de la interacción presencial, que convierte el intercambio emocional y social en una relación fantasmática, abierta al riesgo de lo nuevo y al desafío del deseo (del cual los bloggers parecen haber redescubierto su originario étimo ideal: la pasión generada por un puro fantasma mental). La escritura electrónica actúa en el cruce de estos dos opuestos movimientos, orientando el primero hacia el acercamiento de las personas y el segundo hacia el alejamiento de los cuerpos[7]. La desaparición de la presencia física del horizonte afectivo del internauta representa tal vez el fenómeno más innovador, ya que destruye desde dentro (o sea desde el núcleo identitario y relacional de las personas) el principio simbólico de autoridad que el cuerpo representa. Como hace un siglo el cine, que quitando el aura acercó radicalmente el objeto estético al espectador, (según el análisis de W. Benjamim en La obra de arte en la época de su reproducción técnica), así la red hoy en día elimina cualquier distancia moral, neutralizando el cuerpo y su presencia. En realidad los dos fenómenos están estrechamente relacionados, y representan dos momentos del mismo programa civilizador, que consiste en liberar al sujeto personal de toda determinación externa, ajena a su propio proyecto vital[8].

Las consecuencias de este generalizado (y algo caótico) movimiento antiautoritario de las conciencias se aprecian en la crisis de credibilidad de las tradicionales figuras adultas de referencia de los adolescentes: padres y maestros. Tanto la familia como la escuela (ambas basadas en roles vinculados a la presencia física de los mayores) han dejado de orientar a los jóvenes en su integración social, para convertirse en espacios de socialización forzada potencialmente conflictivos. El ordenador y la Red sustituyen a una y otra proporcionando ocasiones de experiencia y modelos de comportamiento basados en roles interactivos y paritarios que excluyen cualquier tipo de relación jerárquica. De esta manera la estética blog (o sea el conjunto de habilidades psicofísicas que la informática plantea como indispensables requisitos para ‘navegar’ con soltura entre las páginas personales de la Red), indica la nueva frontera hermenéutica de la cultura moderna, en este atormentado giro de civilización que estamos viviendo[9].

Los bloggers que se han apasionado por nuestro soneto, evidentemente, han leído el texto de Shakespeare sin advertir su intención paródica, ni el subyaciente materialismo sexual que aflora cuando se descodifique el texto a partir de ella. Paradójicamente, han visto en él la contundente formulación de su propia ética del deseo, que aparentemente coincide con el ideal petrarquista y platónico de una completa neutralización de la percepción ordinaria, en aras de relaciones virtuales que movilizan la interioridad por vía sólo (o principalmente) telemática. Podríamos incluso hablar de una nueva forma de misticismo, si el horizonte ideal de Internet no estuviera completamente secularizado. En realidad motivos literarios y formas estéticas de antigua tradición son recuperados y reciclados por las nuevas tecnologías en un lenguaje que aún no está universalmente asentado en la mentalidad y las instituciones colectivas, y que plantea cuestiones aún abiertas a la interpretación. Una de ellas es el nuevo significado simbólico del cuerpo y de sus funciones biológicas, especialmente las que están vinculadas a la percepcíon estética del mundo. Las incógnitas que su tendencial supresión o transformación plantea nos llevan a interrogarnos sobre el lenguaje estético que ahora vemos peligrar como si se tratara de un fósil de épocas anteriores, que se basa en la intervención activa de los sentidos en la representación de la realidad, y que ha caracterizado un tramo de la historia europea que, simplificando, podemos definir como ‘modernidad’[10]. Considerado el carácter fundamentalmente audiovisual de la cultura estética de Occidente, la tarea que se perfila como objetivo de la investigación consiste en reconstruir la línea de pensamiento que ha fijado este modelo de percepción estética como programa de desarrollo de los lenguajes artísticos (en el sentido más amplio de expresión individual y colectiva). Hablaré entonces de “estética de los sentidos superiores” para definir el paradigma estético de la modernidad, basado en la vista y el oído como sensores privilegiados de las cosas externas, y rastrearé hacia atrás su presencia en la historia cultural europea desde la segunda mitad del siglo XX (inmediatamente antes de la aparición de Internet) hasta mediados del siglo XIII, cuando aparece por primera vez en la reflexión filosófica.

 


[1] Los tratados de medicina que describen la enfermedad del “amor heroicus” coinciden en su carácter heterosexual.

[2] En Shakespeare el poeta sí ve a la mujer, pero lo que sus ojos miran no despierta en él ningún deseo, y no, como podría erróneamente entenderse, porque ella sea fea, sino porque el sujeto ha hecho suya la crítica platónica de la sensibilidad, repudiando como vil todo lo que cae bajo el dominio de los sentidos externos: aquello que le esclaviza no es el atractivo de su cuerpo sino su “espíritu altivo” (proud heart).

[3] La identificación del amor con una de las “alienationes mentis” que desequilibran la vida psíquica del sujeto, en tanto que producido por vapores biliosos que obnubilan su juício, es la clave interpretativa necesaria para descodificar su significado en la literatura. La paradoja del amor consiste en que “la ‘ntenzione per ragione vale” (el deseo ocupa el lugar de la razón) -Guido Cavalcanti, Donna me prega, 33.

[4] El tema había sido insinuado por Guido Guinizzelli en Dolente, lasso, già non m’asecuro“.

[5] De acuerdo con los principios del platonismo erótico, y en particular con el discurso de Diotima en el Banquete, Shakespeare atribuye al deseo por un hombre el componente ideal del amor, su tensión hacia la trascendencia, y al deseo por una mujer el aspecto sensual y éticamente deterior. Véase, por ejemplo, el soneto 144: “Two loves I have of comfort and despair, / Which like two spirits do suggest me still, / The better angel is a man right fair:/ The worser spirit a women colour’d ill” (Dos tengo amores de catástrofe y amparo, / como dos genios que me inspiran hora a hora: / mi mejor ángel es un hombre blondo claro, / mi genio malo una mujer morena mora).

[6] El fenómeno de los blogs (abreviación de web-logs) es inquietante y revelador a la vez, puesto que demuestra la existencia y la difusión a escala planetaria de un único espacio de socialización en el cual las personas pueden intervenir aportando su propia experiencia más particular e íntima. Propongo, para definir este espacio común, la fórmula de “globalización de los afectos”, ya que la posibilidad de cada uno de dialogar con todo el mundo y de intercambiar la propia intimidad con la de los demás, genera la tendencia mimética  a homologar los esquemas de representación interna de la realidad (o sea, los modelos identitarios). Pero no se trata del odioso conformismo de masa generado por la invasión televisiva de la privacidad de la gente, que forzando su exhibición pública destruye la dimensión íntima de la subjetividad y amenaza la esencia misma de la persona. Al revés, una característica muy significativa de los blogs es su “pureza” de lenguaje y sentimientos, el respeto por la dignidad personal y el pudor de su aproximación a lo íntimo (realmente sorprendentes si se piensa en la vulgaridad cada vez más agresiva de la televisión). La lectura ‘ingenua’ y ‘espiritual’ del soneto de Shakespeare es buena muestra de ello.

 

[7] Un agudo análisis de las nuevas condiciones estructurales de la interacción lingüística (relativamente al italiano, pero de interés metodológico general) se encuentra en Elena Pistolesi, Il parlar spedito. L’italiano di chat, e-mail e sms, Esedra, Padova 2004.

[8] Una amplia y útil síntesis del debate actual sobre la interacción mente/cuerpo en el ciberespacio (en la perspectiva de la teoría feminista del género) se encuentra en Jodi O’ Brien, La escritura en el cuerpo. La (re)producción del género en la interacción on-line, en Comunidades en el ciberespacio, ed. Marc A. Smith y Peter Kollok, Ed. UOC, Barcelona 2003, pp. 109-146.

[9] Insiste en el carácter interactivo y antidogmático de las nuevas tecnologías de la escritura Laura Borràs (para cuya extensa bibliografía remito a la web de ‘Hermeneia’).

[10] Entiendo ‘modernidad’ en un sentido muy amplio, que abarca toda la historia de la sociedad europea desde el momento en que empieza a plantearse la exigencia de su secularización (mediante el uso literario de las lenguas maternas y a través de representaciones  del mundo centradas en el sujeto personal) -remito, sobre estos temas, a mi estudio El caballero inexistente: un género sin atributos, en “Anuario de Hojas de Warmi”, nº 8, 1997, pp. 37-50.