Presentació

Ara ja es pot dir amb certesa:  Espriu era cabalista. La qual cosa significa que practicava  un sistema de meditació espiritual que li permetia de transitar, sense prendre gaire mal, per les zones més perilloses de la bastida teosòfica o teològica que l’ésser humà ha aixecat al llarg de mil·lenis de pànic còsmic que ha mirat de superar amb imaginació, reflexió, fantasia, esperança, i tot el que hi vulguem afegir a la idea d’una divinitat absent, incognoscible, allunyadíssima dels problemes humans, que mai no s’ha fet sentir per molt que alguns s’hi entestin. I tanmateix la presència segurament més desitjada i enyorada, perquè en un món on el mal  i el dolor campen amb tota llibertat, sovint ens sentim molt abandonats i de vegades voldríem, com els nens, un pare protector que ens salvés de l’angoixa d’existir.

Espriu era un intel·lectual que posava la raó per damunt de tot:

Anatema contra el qui revolta instints i sentiments contra l’imperi de la raó, l’alta lluminària de l’amor de Déu en la tenebra de l’home. Res al marge de la raó, res en pugna amb la raó, res per damunt de la raó, excepte Déu. (Primera història d’Esther,  Dins Obres completes / Edició Crítica, Vol. 11, p. 74.)

Cuirassat amb l’apotegma es va immergir en l’estudi de les religions tot buscant, a través de la philosofia perennis, els lligams que establien un comú denominador entre totes elles, és a dir, el que en deia la «mística tradicional», la que posa en relació els vedes i el tao amb la mística musulmana i la jueva i aquesta amb la cristiana.

En conseqüència s’interessava pels mites, la gran literatura oral que esdevé lletra, amb què la creativitat dels humans ha mirat d’explicar el significat profund i transcendent des de les coses més simples a les més complexes. Per aquest camí la poesia esdevindrà un món gairebé infinit de ressonàncies compartides. Una immensa literatura encapçalada per la Bíblia. Com deia Espriu, una biblioteca sencera. Un llibre de llibres que la humanitat segueix llegint i estudiant des de fa mil·lenis, malgrat que ja som a l’era digital i que aquest mateix text que ara escric només existirà en un núvol. La imatge és estupenda: un núvol fet de lletres que giren pel cosmos i només s’aturen i s’ajunten ordenadament al conjur d’estranyíssimes combinacions alfanumèriques que sóc incapaç de desxifrar. Eppur si muove.

llegir més

Foto Juana Furió

 

 

  Raffaele Pinto

 

 

“Deh, quando tu sarai tornato al mondo

e riposato de la lunga via”,

[...]

“ricorditi di me, che son la Pia;

Siena mi fé, disfecemi Maremma:

salsi colui che ‘nnanellata pria

disposando m’avea con la sua gemma”.

“Cuando por fin al mundo tú habrás vuelto

y descansado del largo camino

                      …

acuérdate de mí, que soy la Pía;

Siena me hizo, me mató Maremma:

aquél lo sabe bien que con anillo

me desposó, y con su propia gema”.

 

 

Pia dei Tolomei

Pia dei Tolomei

Pía dei Tolomei es uno de los personajes más inolvidables de la Commedia, seguramente el que alcanza la mayor intensidad dramática con el menor espacio textual: apenas seis versos. Dante la encuentra subiendo la montaña del Purgatorio, entre los que han muerto víctimas de alguna violencia. Sin ser presentado por el narrador, el personaje interviene en la escena casi en sordina, insinuando su género femenino por la ternura con la cual llama la atención del protagonista. Su brevísimo monólogo se articula en un primer movimiento de dos versos,  para desear delicadamente al peregrino un retorno feliz al mundo de los vivos y un merecido descanso (130-131: “Deh, quando tu sarai tornato al mondo / e riposato de la lunga via”); un segundo movimiento, un solo verso, para pedir que se acuerde de ella y decirle su nombre (132: “ricorditi di me che son la Pia”); y un tercer movimiento de tres versos para decir el destino de su vida: la ciudad donde nació y la tierra donde murió (133: “Siena mi fé, disfecemi Maremma”), y una alusión enigmática al marido que la mató, el único que conoce las circunstancias de su muerte (134-135: “salsi colui che ‘nnanellata pria / disposando m’avea con la sua gemma”).

Sobre el personaje de Pía (literalmente: ‘piadosa’), las noticias documentales son muy escasas. Los primeros comentaristas de la Commedia la identificaron con una mujer de la noble familia de los Tolomei, de Siena, casada con Nello Pannocchieschi, un señor de la Maremma (zona costera de la Toscana meridional), que la habría hecho matar por celos, según algunos, o para poderse volver a casar (según otros). Podría resultar sorprendente que el poeta haya sido tan avaro de informaciones sobre este personaje, si pensamos en la riqueza de detalles con los que narra las circunstancias de la muerte de los dos personajes anteriores. Pero es justamente el misterio que envuelve la muerte de esta mujer, o sea los motivos y las formas de su asesinato, lo que determina su fuerza poética. Diríase, incluso, que el personaje exista en la imaginación de Dante exclusivamente por ser la esposa de alguien que después la mataría.

 

La Pia dei Tolomei

Pero entenderemos la necesidad de este semianonimato, y por lo tanto el significado poético y humano de este personaje, justamente comparando su suerte con la de los demás personajes que aparecen en el canto V del Purgatorio. En esta galería de la violencia que Dante ha construído, después de haber descrito la violencia masculina y pública de guerreros que mueren por los odios políticos, el poeta explora aquella otra violencia, ejercida contra las mujeres, tan odiosa como la primera, pero oculta en el espacio doméstico. Su nombre (sin determinación del patronímico), nos presenta a la mujer por un lado en su irreductible singularidad personal, y por el otro en su genérica esencia femenina, que se realiza dentro del matrimonio igual que la de cualquier otra mujer (en el régimen patriarcal del feudalismo). Por esto, tal vez, nos conmueve tanto el ruego de su primera frase, porque nace de este fondo oscuro del anonimato, como si el personaje intentase rescatar su memoria de la insignificancia a la cual ella, que sólo ha vivido en este mundo para ser la esposa de alguien, está condenada. Cuanto más huidiza es la realidad histórica de lo que le ha pasado, tanto más genéricamente ejemplar se vuelve su personalidad, que parece representar a todas las mujeres, en tanto que víctimas de hombres incapaces de entenderlas y amarlas. Más que de la angustia de una existencia precozmente truncada, el terrible verso (Siena mi fe’, disfecemi Maremma) nos habla de una conciencia petrificada, identificada con el paisaje en el cual transcurrió su vida, como si Pía no hubiera visto otras cosas, y formara parte de él, igual que un árbol o una roca. Es posible que justamente esta imagen (unos ojos totalmente llenos del paisaje toscano de Siena y de la Maremma) haya intentado reconstruir uno de los primero exégetas del Poema (el Anonimo Fiorentino), explicitando con detalles claramente novelescos lo que el poeta ha insinuado con la enorme potencia evocadora de un solo verso:

 

Palazzo dei Tolomei, Siena

Palazzo dei Tolomei, Siena

 

Esta mujer fue una noble dama de la familia de los Tolomei, de Siena, y su nombre era Pia: se casó con Nello de Panuteschi de Pietra de Maremma. Esta Pia fue una jóven tan hermosa y agradable que Nello cogió celos de ella; y después de haberse quejado con la familia, y como la mujer no cambiaba de actitud, y también porque estaba obcecado por los celos, decidió matarla. Dicen que antes había hecho un compromiso para casarse con la viuda del conde Umberto de Santa Fiore; y posiblemente esta fue la razón para acelerar la muerte de la mujer. El Poeta creyó que la mató de esta manera: mientras estaba asomada a una ventana del palacio de Maremma donde vivía, arriba de un valle,  Nello envió un siervo que la cogió por los pies y la lanzó al vacío en el valle desde la ventana, de manera tal que nada se supo nunca de ella.

 

 

llegir més