GLOBOS, Raül Martínez

 

Globos

Raül Martínez, Globos

Según he ido escribiendo me he dado cuenta de que no se escribe por amor al arte, tampoco por el ser amado, ni por altruismo ninguno.

La escritura es un ejercicio narcisista (¿onanista?) con el que intentamos darnos algo de calor a nosotros mismos. Es del amor a uno mismo (o de su carencia) de donde nace la letra: escribimos para formularnos, para darnos forma; intentamos decir: “¡somos esto!” Yo no soy yo sino en tanto que lo afirmo, para constituirme psicológicamente necesito construirme un sentido. Lo propiamente humano es la creación de sentido; lo demasiado humano es olvidar que el sentido es una creación: la naturalización del sentido constituye tiranías tan aborrecibles como la religión, la ley o el convencionalismo. Sin embargo, la fabricación autoconsciente de sentido (ese juego deliberado) constituye la feliz actividad mental humana: la invención de una metafísica. Sin duda escribimos para darnos esa metafísica: dejar de ser simplemente cuerpo mortal para ser concepto eterno (¿eterno, he dicho? jajaja, me estoy poniendo platónico.) A mí, personalmente, la supervivencia de esa metafísica una vez yo muera no me interesa en absoluto. Escribo para la vida de esa metafísica, que no puede tener valor para mí después de mi muerte. Cuando la metafísica no es una cosa viva, se convierte en pesadas piedras, lápidas que lo aplastan a uno en vida: tablas de la ley. La metafísica viva, sin embargo, la metafísica personal y autoconscientemente construida, siempre sujeta al cambio y en movimiento constante, le da a uno un ideal de sí mismo que sirve como brújula, como modelo individualmente elegido, como plan, como camino a seguir. Y lo más importante: lo justifica a uno, justifica su vida, y su manera de vivir. No solo vivir a nuestra manera pedimos, sino también el reconocimiento de nuestro derecho a hacerlo. Todo el conjunto de mis escritos no es sino un intento por justificar mi modelo de vida. Cuando ese modelo se desajusta al de las tablas de la ley (estudiarás, trabajarás, te casarás, tendrás hijos) la voluntad de reivindicación del camino propio y la voluntad de propaganda de los sentidos y los modelos periféricos se hacen especialmente necesarias. Porque la literatura tiene, también, un valor social: que es el de compartir el individuo, el de entregarse individualmente a un conjunto más amplio, ofrecer la intimidad a lo público. Cuando yo escribo, lo que hago es en realidad desnudarme, y así entro en la esfera de lo social, entendido en el mejor sentido de la palabra: el de conjunto, el de orgía (sería incapaz de entender una literatura que no fuera erótica). Y de este modo, con mi desnudez, incito a los demás a desnudarse, a aceptar mi vida y a participar de ella, a relacionarse conmigo del modo que a mí me gusta relacionarme: dionisíaca, exuberante, terrible, y tremendamente. Bienvenido, lector, a mis escritos: porque ahora voy a hacerte el amor.

 

NOCHE EN BATAD

 

La noche ha caído ya (temprano, como siempre)

y ha abrigado hasta mañana las terrazas de arroz;

desde el porche no se ve ya nada.

Se adivina, sin embargo,

una presencia: el canto de los grillos y el agua corriente.

Y el quejido constante de las cascadas.

 

En la casa nos recogemos

con el calor de un hogar. Y disfrutamos

de la nostalgia del día que ya ha pasado;

con la satisfacción de quien tiene a mano

un vaso de agua y comida caliente.

 

Los niños se han cansado de jugar;

los viejos, de mirar al infinito.

Bajo la mesa los cachorros maman

de la madre.

Y yo miro a mi pareja con ojos que casi lloran

de la alegría de saber que voy a abrazarlo esta noche.

 

***

 

THE LAST TYPHOON

 

The last night we spent together

the storm lights made us shake

like animals.

And the wind blew so strong that we thought it was going to boot the roof.

We had typhoon.

 

Inside the bedroom

―our bedroom, babe:

that mattress lying on the floor

of the living room―

our bodies hugged so strong that they wanted to be inside the other ―and they did.

They wanted to look for inside the other the shelter to our fear.

 

This was our fear:

the strength of World and Life

―who are stronger than us―

trying to force us, trying to split us and destroy us

―and they did it already, so I write you from the distance.

 

In the morning we made love (again) and we slept

a little bit more.

And I woke up before you and saw you breathing and didn’t want to wake you up.

Then I did. I told you:

‘The last night is gone. All we have now

is to pack our things and say goodbye’.

And you started to cry, and

we cried together.

 

***

 

GLOBOS PLURIFORMES

 

Te quiero porque estás vivo.

Hoy he visto una atracción

para niños

Y me he acordado de ti.

A veces me vienes así,

improvisadamente,

desde tan lejos… Y recuerdo

tu sonrisa enorme, y

tus ojos curvos de filipino.

 

Esta tarde, en Granada,

centésima tarde esperándote

a once mil quilómetros de allí,

he visto un tiovivo.

Artesanal, con caballos

de neumático, y una bici

estática, donde pedaleaba un hombre

para mover la máquina.

Con su sudor se ganaba el pan

el feriante y la sonrisa de los niños,

pequeños jinetes. Les repartía chupa-chups

cuando pasaban.

 

Y yo pensaba…

Qué cosa más bella, el ingenio mecánico

de un hombre inteligente

al servicio

de las sonrisas infantiles.

Su talento artístico, evidente

en los caballos de goma,

al servicio del fantasear.

Y su tiempo, su cuerpo

(que se ríe de su mente),

entregado al feliz sacrificio del esfuerzo,

tanto más feliz cuando se hace por un niño.

 

Tú y yo nunca podremos tener hijos.

Lo he pensado de repente

(he visto en las suyas tu sonrisa):

jamás daremos la moneda al feriante.

 

¡Oh de los raros! ¡Oh

de los otros! ¡Vivimos condenados

a nuestra forma de amar, a

nuestros cuerpos, “iguales en figura

y en deseo”!

 

Mi mente se ha inundado

de un torrente de imágenes

personales,

que tú y yo compartimos,

supraconvencionales,

por encima de la voluntad social,

de la política o de la cultura.

 

Te he recordado respirando tantas veces…

Y mi cabeza sobre tu pecho,

sobre tu piel suave de filipino…

escuchando.

(Tu corazón).

La noche en que nos conocimos

(shots of gin

and lots of love)

o la primera vez que follamos sin condón

(en aquél hostal de montaña, amor mío,

frente a las terrazas de arroz,

donde te escribí un poema:

no pudimos resistirnos, fue más fuerte

el placer que la conciencia).

Y aquella vez que te soltaste

y  nos manchamos de mierda

(y nos limpiamos: no pasó nada).

Y la noche fría de la espera

(¡qué fría, y qué cara de tontos!:

me creía que la sífilis era mortal)

de las pruebas, por fortuna negativas,

los dos solos en el hospital.

Y cada vez que reímos,

o nos emborrachamos mucho…

 

Así pasaron los días, el mes

más feliz de mi vida,

con escena final en la estación

(tras la noche fatal

del último tifón):

estallé en tus brazos

y tú no quisiste llorar.

(No te lo perdonaré nunca).

Pero es la vidita que palpita en cada ser humano

lo que amamos: no importa que

seamos torpes.

Te quiero, Nikki, porque estás vivo.

Y no me importa el Matrimonio

ni la Inmigración.

 

Sin hijo ninguno,

felicité por su trabajo al feriante,

lejos de ti.

Yo, Raül Martínez,

natural de Barcelona,

caucásico,

pelo castaño y ojos azules,

metro ochenta y dos,

catorce centímetros de pene,

homosexual,

felicité al feriante por divertir al hijo que tú y yo no tendremos

y me alejé paseo abajo.

 

Y vi los globos,

los infinitos globos multicolores,

pluriformes,

que una gitana amarraba con las cuerdas,

sacudirse embravecidos con la fuerza del viento.

 

Y la vida me ha parecido

un montón de globos flotantes.

 

 

llegir més

Foto Toni Vidal

El 3 és el número perfecte, diuen, multiplicat per 10 és el 30, el nombre de poemes dels dos llibres que obren i tanquen el «cicle del jo o de la mort»: Cementiri de Sinera, el vas trencat de la Llum, i Final del laberint, la restitució del vas de la Llum amb els fragments dispersos de Sinera. La guematria del 30 remet a Apocalipsi 2:10

«No temis gens els sofriments que t’esperen. Heus aquí que el diable ha de llançar-ne alguns de vosaltres a la presó, perquè sigueu provats, i tindreu una atribulació de deu dies. Sigues fidel fins a la mort i et donaré la corona de la vida.»

  • «Enllà de l’odi altíssim de la presó, potser
  • els tendres camps encara són caminats pel sol?
  • Si retornava als ulls l’or enyorat dels dies,
  • si m’allunyava endins del gran triomf del groc!
  • («No t’he de donar accés al meu secret», El caminant i el mur)

El jove universitari, intel·ligent, ric, feliç, la promesa literària de la nova generació de la República, es va veure endinsat en la fosca tàvega de la prova divina. Un veritable cataclisme interior s’esdevenia quan una inesperada i súbita destrucció del jo el situava a l’altra cara del mirall: de sobte se li revelava una nova personalitat desconeguda.

llegir més

Jaume Giró, Ferran Mascarell i Ramon Balasch mostren el llibre.

 El 2 d’octubre de 2013 es va presentar Ocnos i el parat esglai editat per Ramon Balasch i Mireia Murel llibre pòstum d’Espriu que recull tots els seus articles, notes crítiques  i pròlegs. Una edició acuradíssima, que els interessats en el savi pensament   del poeta hem esperat durant més de trenta anys.

 Pel fet que Salvador Espriu quan va morir no va deixar pràcticament res d’allò que se sol anomenar «el fons d’autor», quan se’m va fer l’encàrrec d’endegar l’edició Crítica i Comentada de les Obres Completes de Salvador Espriu, en el qual no oblidaré mai el paper decisiu de Xavier Bru de Sala, aleshores Director General de promoció Cultural (que dit sigui de passada, a mi, no em coneixia de res), que va entendre de seguida que Espriu es mereixia el que en els països civilitzats en diuen «edició nacional».

En aquell moment jo tenia clar quatre projectes indispensables per poder dur a terme l’edició. 1: disposar del Fitxer que guardava la família, on Espriu  havia consignat les citacions que l’interessaven de bona part del que havia llegit. 2, recollir el més aviat possible les cartes que havia escrit, ja que Espriu havia posat cura a destruir les que havia rebut i algunes de les que havia enviat. 3, aplegar totes les entrevistes que li havien fet, i 4 recollir les notes crítiques, els discursos i els pròlegs, de vegades introbables, que havia anat escrivint al llarg de la seva vida i que els crítics d’aquell moment menystenien; en deien de circumstàncies i per tant carents d’interès. La qual cosa demostra que no havien entès gran cosa del nostre autor.

La tasca ha resultat àrdua, però les entrevistes, enllestides amb rapidesa, han estat de gran utilitat i per al lector no erudit aporten valuosa informació sobre uns anys difícils. Les cartes es van recollint a poc a poc i són capítols de la història del nostre país; el Fitxer ja està digitalitzat a la xarxa i per últim Ramon Balasch, editor i secretari que fou d’Espriu en els darrers anys de la vida, finalment, al cap de trenta anys ens ofereix un llibre del tot indispensable per als estudiosos, i una lectura interessentíssima per al lector que s’hi acosti amb curiositat, perquè es trobarà amb un llibre únic, on de manera amena i senzilla entrarà en contacte amb el món de l’alta cultura per on es movia el poeta. Ara que ja els tenim ben ordenats i classificats segons l’esquema que el mateix Espriu va comunicar a Ramon Balasch perquè els edités, comprovem amb estupor la quantitat de saviesa que Espriu hi va entaforar aprofitant la més mínima escletxa per dir-hi la seva.

Vull esmentar un fragment del magnífic Epíleg amb què Ramon Balasch, escriptor i poeta, mestre de la paraula, tanca la porta de la copiosa col·lecció de pròlegs que Espriu es va veure mig obligat, mig temptat, a escriure; perquè un pròleg no és ni més ni menys que una porta que s’obre al misteri de l’Altre.

Llegiu les paraules de Balasch:

 

«És evident que aquest Ocnos és la crònica de la debacle d’una època, de la derrota d’una guerra sense victòria entre germans. També és una crònica de la lluita per l’última victòria damunt l’esglai. Aquest Ocnos és la radiografia d’una època viscuda per un escriptor que fa de les seves opcions vitals una mena de sacerdoci. I escriu com un profeta que no claudica davant la destrucció de l’home, de les societats i de les cultures, convençut que el fet de trobar-se a la vora d’«un pròxim i definitiu cataclisme, desencadenat tan sols per l’estupidesa humana, el previsible incident ni de lluny no ens eximeix d’anar treballant».

Aquestes paraules em serveixen de pòrtic al drama interior d’Espriu.  Un home, intel·ligent, culte, refinat. Un home afamat de saber, que cerca la llum del coneixement que l’ha d’alliberar de l’esglai de la gran pregunta que presideix el destí de la nostra vida, perquè la vida només és el pròleg del definitiu i veritable relat que comença amb la mort. Vet aquí un relat biogràfic que mai ningú no podrà escriure.

Des de la infantesa Espriu es veu abocat a l’escriptura com una responsabilitat personal, íntima i alhora històrica, que no pot defugir perquè la paraula és la seva eina d’artesà i és amb les paraules que fem i desfem el món que ens envolta.  De ben jove accepta la  responsabilitat d’anar reconstruint, en la mateixa mesura que es va destruint, allò que amb tant d’esforç la humanitat ha fet al llarg de mil·lennis. La història del mític Ocnos, el soguer de l’Hades, aquell que va trenant una corda que un ase incansable es va menjant, és la paràbola exacta de l’actitud d’Espriu davant una realitat que cal anar restaurant a mida que ments nècies s’entesten a devorar-la, com la somera d’Ocnos.

La literatura d’Espriu, ja des d’un bon principi, experimenta el malestar que es percep en la cultura del segle XX i que ha desembocat en la crisi de la modernitat. Perquè senyores i senyors, Espriu no és un clàssic a l’antiga perquè llegia la Bíblia i freqüentava els antics grecs i romans. Espriu és un precursor de la postmodernitat, que va trobar llum de consol en aquestes lectures pretèrites. Com ho fa el mateix Sergi Barnils que ens aporta la lluminositat que cerca i troba en la lectura de la Bíblia i es reflecteix en les meravelloses litografies que il·lustren Ocnos i el parat esglai.

Home extremadament sensible i d’aguda intel·ligència, Espriu va viure –més conscientment del que ens podem imaginar– els efectes estèticament desestabilitzadors de la postmodernitat. I ho va deixar ben definit en una frase antològica:

 

«Jo sóc un fadrí drapaire de l’estúpida i dolorosa hora de la trencadissa i encara ajudo a collir-ne les miques i els bocins

Testimoni d’una cultura que es precipita en el caos de les guerres que assolen el segle XX, evoluciona amb rapidesa des d’una novel·la que de seguida se li fa inviable (només dues, El doctor Rip i Laia), al conte (Aspectes i Ariadna al laberint grotesc), per arribar a la prosa fragmentada de Miratge a Citerea, irònica resposta als Fets d’Octubre de 1934, i ja en plena guerra, el 1937, els relats dividits en capitolets de Letízia i Fedra, per culminar en la hibridació poètica d’unes breus Petites proses blanques i La pluja que desemboquen de manera inevitable en un primer poemari, Les hores de 1937. Una poesia que advoca el silenci. A no haver d’escriure mai més res, deia, perquè per a Espriu era un veritable sofriment. Tot plegat un procés deconstructiu de la narrativitat, que ja enunciava el 1934 a Aspectes. Talment la definició de les nostres petites vides. Cito:

«Visions escapçades de paisatges. Vides que cuegen un instant en l’ostentació de l’aparença i s’apaguen de seguida en l’oblit. Fragmentació d’aspectes».

A partir d’aquí, per a Espriu la novel·la esdevindrà el desig d’una amada morta. Un desig, tanmateix, que mantindrà fins a la mort com el punt final que hauria de tancar la roda del temps de la seva obra. Però no serà així, la seva podríem dir pseudonovel·la s’intitularà Ocnos i el parat esglai.

Espriu hi cerca el diàleg amb novel·listes, músics, cantants, artistes i poetes, i es  decantarà per trenar una soga amb els fragments d’altres mons aliens, els desigs d’altres escriptors o artistes que com ell vaguen per un món desrealitzat on res ja no és en el seu lloc després del cataclisme cultural d’occident. Espriu ho viu com la «dolorosa urgència de crear», és a dir, de participar activament en la cosmogènesi, això ens duria a la Càbala i ara no és el moment. Els pròlegs d’Ocnos i el parat esglai esdevenen, al final de la seva vida, el gran epíleg inacabat a la seva pròpia obra inacabada. Com diu Balasch:

 

«A aquesta cadena creativa Espriu hi afegeix «el pròleg», en les seves infinites variants, que ha esdevingut una de les tipologies textuals més practicades pels escriptors europeus de tota llengua i condició al llarg del segle xx, sens dubte perquè es tracta d’una escriptura fragmentada i discontínua, capaç de reflectir el món contemporani.»

 

El 1955, a Final del laberint en enterrar el que ell en diu «la cançó de l’odi», per un moment se sent alliberat per la paraula: «salvo el meu maligne nombre en la unitat», però sap que això només ha estat una espurna de llum en la foscor. L’Espriu poeta sap que en realitat és un jo fragmentat que, a la cerca d’una impossible unitat, es trosseja en diversos personatges cadascun dels quals reflecteix un aspecte de la seva identitat. L’Ocnos espriuà ja no és el soguer de l’Hades, sinó en Quel·la, l’humil drapaire de Sinera que en el seu carret arreplega aquelles «miques i bocins de l’estúpida i dolorosa hora de la trencadissa» d’una literatura, la catalana, que donava compte d’una llengua, d’una nació, d’una entitat històrica que alguns volien, i continuen volent, esborrar de la participació que també ha tingut i té en el procés que ha fet d’Europa el que és. Deia Espriu:

 

«busco la tolerància, la mútua comprensió i que no hi hagi una única veritat. La veritat pot ser com un mirall, que estigui trencat en diversos trossos que poden ser d’autèntica llum. Crec que la veritat està trencada per a l’home des de l’origen, en trossets molt petits, i cada un pot reflectir un bri de resplendor».

 

Certament, Espriu que sempre parlava de la seva obra i estava obsessionat pel temor de no poder acabar-la, va fer tot el que «inconscientment» va ser-ne capaç per no aconseguir aquesta fita, de manera que la seva producció literària se’ns revela com a «text» que flueix per diversos camins que  arriben a determinats atzucacs. Com ara la seva intenció, sempre sobreseguda, de fer una novel·la (La roda del temps); o l’eternament enunciat i sempre diferit recull de contes de Les ombres. Els poemaris programats i mai no realitzats, guardats sota un títol que ja és la definició d’un text susceptible de diverses realitzacions:  Fragments. Versots. Intencions. Matisos.

En la mesura que nega els gèneres literaris per establir la seva teoria dels vasos comunicants, l’obra inacabada d’Espriu es presenta  com a text que flueix en espiral i salta de manera aleatòria a la manera d’hipertext. Perquè tot és esbós d’un únic llibre que es percep com a infinit, i per tant inacabable. L’exemple més desesperat d’aquesta impotència no és solament que una vida sencera no abasta la lectura de tot el que s’ha escrit i s’escriu, sinó la impossibilitat de deixar constància de la nostra pròpia vida.  Ara s’intenta reduint-la a instants fugaços amb la constant activitat fotogràfica  del mòbil o del darrer artilugi al servei de la fal·làcia d’un món en accelerada desrealització:  l’existència de cadascú es desplaça a la mirada d’un Altre.

És dins l’ull d’aquest Altre on es construeix la meva imatge. No tinc consciència de mi sense aquest Altre que em reflecteix i m’oposa. Jo, identitat, i l’Altre, alteritat, van junts, es construeixen recíprocament.

l’Altre és imprescindible per això el poeta sent la necessitat imperiosa de comunicar, de publicar la seva intimitat. Per a Espriu, que viu en un món on res ja no és al seu lloc, seria d’una supèrbia rídícula intentar formular una teoria estètica, perquè el mirall de la veritat ja es va trencar a l’origen. Només cercant en els textos dels altres, Espriu troba una espurna de la veritat autèntica on contemplar el rostre del seu enigmàtic origen:

 

Allunyat en abismes,

on el rostre m’espera,

m’atanso a veure’m.

Quan l’ombra endinsa

el pur cristall, em sento

en silenci, somriure.

 

Cal que tinguem clar que no hi ha altre món que aquest i que és el nostre mirall. Perquè el gran enigma que ens hem de formular és «qui sóc jo?».

Per això Espriu ens crida i ens ofereix els seus versos «pel mirall a l’enigma»:

 

Entrin, entrin, senyores

i senyors! Cal mirar-vos

dins de trossots de vidre.

Passeu abans que cessi

de sobte l’espectacle.

 

 

llegir més

Dóna fe de l’actualitat de les novel·les de la Jane Austen (1775-1817) el fet que es troben a totes les llibreries gràcies al cinema i a les sèries televisives, que han assolit tant d’èxit que una d’elles ha fet famosíssima l’actuació de Colin Firth en el rol de Mr. Darcy, protagonista de Pride and prejudice (BBC 1995), actor icona de l’heroi més desitjat de la narrativa d’Austen. L’èxit assolit a la televisió anglesa fa de l’oscaritzat Colin Firth l’actor insubstituïble per representar-lo, l’escena en què surt de l’aigua esdevé un  «dels grans moments de la postmodernitat»  (vg. la paròdia a Lost in Austen, BBC 2008), de manera que Colin Firth repetirà personatge en la figura de Marck Darcy en el film Bridget Jones’s Diary de la novel·la de Helen Fielding, dirigit per Sharon Maguire (2001). La novel·lista confessa que va adaptar la trama d’Orgull i prejudici a una problemàtica actual: una noia de trenta-dos anys, grassoneta, amb problemes d’imatge, inestabilitat sentimental i destinada esdevenir el que avui se’n diu single i l’Austen en deia spinster, és a dir, una conca. En efecte, la seva novel·lística se centra en el tema de la solteria que aboca a la pobresa les noies de classe mitjana sense dot. Un dels motius recurrents que més impacta en aquestes amables novel·les, sobretot a Pride and Prejudice, és que tothom té assignat un preu en lliures esterlines com a únic criteri de valoració personal en el gran mercat del comerç matrimonial de la City.

llegir més

 

Federico Cinti (1975), dottore di ricerca in filologia greca e latina, insegna italiano e latino presso il Liceo scientifico “Leonardo da Vinci” di Casalecchio di Reno, dove vive. Si occupa prevalentemente di patrologia e di letteratura latina del Rinascimento, oltre che di storia della filologia classica. Ha tra l’altro pubblicato Il Rettore della Rsi. Goffredo Coppola tra filologia e ideologia (Clueb, Bologna 2004), Il lamento della pace (Rizzoli, Milano 2005), la silloge catulliana Poesie d’amore (Barbera, Siena 2006). Ha in corso di pubblicazione una traduzione poetica dell’opera di Saffo.

Altre raccolte poetiche da lui pubblicate sono Spirito in carne e glossa. Epigrammi notabili e notati (Bologna, Libreria Bonomo Editrice 2005), Ecatombe a Giulia (Bologna, AZ fastpress 2006), SPECULUM SALUTIS. UN CANZONIERE (Cesena,  Editore Il ponte vecchio 2009), Bestiario: ritratti veri di persone false, (Bologna, Casa Editrice Persiani.   2013

 

 

Da un po’ di tempo, ormai, da un paio d’anni direi, se la memoria non m’inganna, ho cominciato a scrivere soltanto sonetti dallo schema originario, con le rime alternate nella fronte e nella sirma. Se sia un bene o un male, questo davvero non lo so capire, e francamente m’interessa il giusto. Vorrei solo sapere perché per molti, oggi, il sonetto sia avvertito come un gioco dilettantesco e obsoleto, come un assurdo retaggio del passato. Lo strappo forte delle avanguardie non ha fatto altro che ridurre i versi a briciole, più o meno corpose, di parole. Io, purtroppo, non mi ritrovo che nel verso misurato, nello schema tornito e cesellato, e questo perché è una scelta di assoluta libertà, perché nessuna tradizione me lo impone più, perché in fondo sono convinto che la regola sia la mia unica libertà, che mi oppone al mondo del caos e del disordine. Ecco, allora, che la regola, la norma, il canone sono il mio tratto distintivo, il mio stile, la mia riconoscibilità più profonda.

 

Federico Cinti

Federico Cinti

Nemmeno io amo la maniera: ci tengo a sottolinearlo e a rimarcarlo in modo deciso. E, del resto, tutto può divenire manierato e stucchevole, finto intendo dire e ozioso. Io cerco nel sonetto, come in altre forme chiuse, o apparentemente tali, un’ancora di salvezza e di ricostruzione sulle macerie crollateci addosso dopo la disgregazione del sistema. Non è, però, si badi bene, un ritorno al classicismo; è, piuttosto, la ricerca di ciò che ci ha resi quello che siamo oggi, con tutte le contraddizioni del caso. Sono, infatti, sempre più convinto che il sonetto sia veramente ancora vivo, presente, alla coscienza dei lettori di questo Terzo Millennio così incerto e ansioso.

Non sarò certo io a negare, è evidente, che vi sia anche un pizzico di provocazione nella scelta della forma misurata. Nel momento in cui vogliono farmi credere che non si scrive più così, come se poi si potesse davvero decidere e soprattutto imporre, ecco che io proprio così scrivo, e mi diletto, e provo a denunciare che il re è nudo. Già, perché non posso sopportare che schiere di critici schierati debbano difendere una scrittura il cui senso è oscuro, al limite dell’impenetrabile. Un testo poetico veramente degno di questo nome non abbisogna di cervellotiche interpretazioni o di difese d’ufficio. È il lettore che giudica, compartecipando alla creazione di un’emozione, condividendo un’esperienza, litigando anche con chi ha scritto quei versi. Fino a oggi, chi mi ha letto e continua a leggermi mi apprezza; ma chi non mi ha letto e non vuole leggermi perché mi giudica, o pregiudica, vecchio o non adeguato al tempo in cui viviamo, beh… dimostra una scarsa capacità critica e un dogmatismo francamente insopportabile.

In barba a tutto e tutti, allora, continuo questo mio scavo nella forma, questa mia dissoluzione dello schema, e mi rendo conto anche di come la tessitura abbia qualche distorsione, qualche deviazione, qualche erosione. Non che tutto non sia già stato, in una certa misura, sperimentato; però, a poco a poco, mi sono accorto di avere abolito la divisione interna tra le varie parti che compongono il sonetto. Ed è stata un’abolizione progressiva, una sorta di rivelazione illuminante, prima tra le due quartine e le due terzine: erano come due blocchi contrapposti e unitari, che si opponevano e si completavano. Ora, negli ultimi testi, è come se la materia prendesse forma in una colata unica o quasi unica.

Qualche esempio tra i tanti potrà rendere più chiaro il mio discorso. E procederò un po’ per giustapposizione, per accumulazione quasi e distorsione, non certo secondo una rigida scansione cronologica. Un caso simile ad A Zacinto mi è capitato di scrivere in questo testo d’occasione. Una donna bellissima, il cui nome è Alessandra (il cognome l’ho dimenticato subito o quasi subito), ERA VENUTA a presentarmi alcune opere dell’UTET. Ero rimasto così estasiato da pensare alle «donne angelicate» della tradizione stilnovistica.

 

AD ALESSANDRA DELLA UTET

Pensavo che le donne angelicate

non fossero realmente mai esistite,

le donne eteree e lievi come fate

vissute in altre epoche o altre vite,

 

le donne dai poeti immaginate,

apparse un giorno e un giorno poi sparite,

le donne eterne, quasi idee innate

o dee nate da donne indefinite,

 

e invece no, esse esistono davvero,

non sono il frutto della fantasia

solitaria, del genio o del pensiero:

 

ieri sera è venuta a casa mia

Alessandra, un miracolo, un mistero

di bellezza, dolcezza e d’armonia.

 

Era venerdì 7 dicembre 2012. segno anche la data, come una sorta di diario poetico. Del resto, altra caratteristica della scrittura di sonetti, per me, è l’unicità del momento. E questo non significa che si elimini il labor limae, ma che l’atto poetico si venga collocare nello spazio e non solo nel tempo.

Per il Natale di due anni fa, del 2011, ho scritto quasi di getto questo divertissement, un sonetto dedicato a un amico carissimo. Certo, in questo caso, l’immagine iniziale, la descrizione di questo Ingegnere umilissimo, si distende in modo serrato nelle due quartine; l’azione, poi, si risolve nello sberleffo graffiante  delle due terzine.

 

L’INGEGNERE UMILISSIMO

L’Ingegnere umilissimo ha vestito

un abitino candido di organza,

porta l’anello piscatorio al dito,

ma senza dargli poi troppa importanza,

 

e da due o tre fantesche è riverito

come un pascià, che nettano la stanza

da bagno turco, perché abbia abbastanza

aria, se deve compiere il suo rito.

 

Dopo quell’atto di liberazione

nazionale, col volto rinfrancato

e il profumo dell’ultima abluzione,

 

quando si sente pronto, e ha preparato

tutto quanto, va subito al balcone,

e ammansisce la folla che ha pagato.

 

Ancora per il Natale, ma del 2012 questa volta, ho provato a trattare il tema della Sacra famiglia. Ecco, in questo caso, la divisione interna tra le varie strofe è venuta completamente meno, in una sorta di unico grande periodo.

 

LA SACRA FAMIGLIA

In un’aura soave, che trastulla

l’anima in sogni di felicità,

dorme un bimbo indifeso in una culla

umile in una stalla, e con lui sta

 

la sua mamma, una vergine fanciulla,

che medita in silenzio non si sa

che mistero infinito, e quasi nulla

sembra turbarne la tranquillità,

 

sospesa tra le stelle luminose

e i canti dei pastori in lontananza,

che fanno eco alle voci melodiose

 

degli angeli nel cielo in esultanza,

e un uomo guarda tutte quelle cose,

e veglia, meditando una speranza.

 

Passo rapidamente, ora, ad altri testi, lasciando al mio lettore  il giudizio sul componimento in questione. Dico solo che, dopo uno dei primi giorni di scuola, spiegato con un certo trasporto Virgilio, ho chiesto ai miei studenti di esprimere un giudizio sul poeta dei poeti. Il risultato è stato quello che segue: avvilente? Naturale e scontato? Non so proprio dire.

 

CRONACA DI UN LUNEDÌ QUALUNQUE

Stamattina, un’angelica fanciulla,

con voce lieve e timida espressione,

con quella pacatezza che trastulla

gli animi saggi, dopo la lezione,

 

in due e due quattro, come fosse nulla

la sua bimillenaria tradizione

di vate e la sua fama arida e brulla,

mi ha frantumato il povero Marone:

 

«È un po’ noioso!». E sono andato via

barcollando qua e là, quasi stremato,

in preda alla tristezza e all’afasìa.

 

Mi sono preso il solito macchiato

con una palla, per la glicemìa,

e lemme lemme, poi, ci ho riprovato.

 

Era lunedì 24 settembre 2012, un giorno che, ormai, non posso più dimenticare. La poesia, in fondo, serve pure a eternare un istante e con lui il poeta che lo ha vissuto.

Mi piace anche proporre alcuni sonetti epistolari che, ultimamente, ho scritto a un mio ex-studente, Leonardo, che dopo la scuola, si è innamorato della poesia e con cui ho cominciato a corrispondere, come nei secoli addietro, proprio in versi.

 

RISPOSTA A LEONARDO

Avrei voluto scriverti qualcosa

in versi, ma mi sento una stanchezza

addosso, una stanchezza perniciosa

che mi avvince le vertebre, mi spezza

 

le giunture, e mi abbraccia senza posa,

e a volte è dolce come una carezza

che, a poco a poco, si stende e si posa,

mentre altre è tetra e stringe con asprezza,

 

e quindi me ne vado presto a letto,

e lascio il mondo e tutto ciò che dice

a chi, in questo momento, è più perfetto

 

di me, a chi ora è contento ed è felice,

e penserò così, solo soletto,

come Dante alla sua, alla mia Beatrice.

 

lunedì, 18 marzo 2013

 

E ancora, non pago, ho continuato con un sonetto d’accompagnamento a un testo che Leonardo mi aveva chiesto di rivedergli. Sono cose che si fanno, anche per chiedere un parere.

 

Carissimo Leonardo, ti rinvio

in allegato il testo che ti ho letto

e ti ho rivisto, certo a modo mio,

e ti rispondo in forma di sonetto,

 

senza troppa fatica o logorio

di cerebro, d’ingegno o d’intelletto,

ma in fretta e furia, come faccio io

a volte e come già, credo, ti ho detto,

 

perché tu possa trarre qualche spunto

da quello che ti scrivo e che ti dico

o, se non altro, almeno qualche appunto

 

come si prende certo da un amico

più che da un vecchio prof. unto e bisunto,

e infine ti saluto. Federico.

 

venerdì, 29 marzo 2013

 

Nel prossimo testo annunziavo, sempre a Leonardo naturalmente, l’uscita del mio Bestiario. Ritratti veri di persone false (Bologna, Persiani edizioni 2013). Certo, il testo è molto ironico, soprattutto nell’ultima parte. Proporrò, poi, un sonetto del Bestiario, che altro non è che il mio autoritratto. Ma prima questo di cui sto parlando.

 

Non c’è molto da dire: con un po’

di pratica, di voglia e di mestiere,

tutto quanto si fa, tutto si può,

e dà soddisfazione, e dà piacere,

 

come pure tu sai, come io so,

e come tutti possono vedere

tanto al di qua quanto al di là del Po,

e sono gioie semplici, ma vere,

 

come questa che, adesso, hai in anteprima,

e che ti scrivo in modo un po’ sommario

tra un verso, tra una strofa e tra una rima:

 

è uscito finalmente il mio Bestiario,

che ho già qua in mano, il frutto della lima

incallita di un genio letterario.

 

venerdì, 29 marzo 2013

 

e adesso il mio autoritratto, ovviamente sottoforma di bestia, la bestia umana.

 

L’UOMO

L’uomo era nato lirico; ma, poi,

alla satira fu riconvertito;

studiò nella città dei Galli Boi,

donde fu ricacciato e fu spedito

 

in provincia, tra i falchi e gli avvoltoi,

e da nessuno o quasi fu assistito;

cercò sempre di farsi i fatti suoi,

ma da molti gli fu spesso impedito.

 

L’indagine dell’animo gli piacque,

di quell’animo umano e disumano,

di cui sempre parlò, di cui non tacque;

 

pochi amici gli tesero la mano,

e spesso navigò in cattive acque,

ma da solo arrivò molto lontano.

 

Chiudo questa breve (e spero intensa) carrellata con un testo tremendamente serio, ma d’occasione. A un amico era fuggito un corvo che, tempo addietro, aveva salvato da morte sicura. Il piccolo uccello, pure addomesticatosi, ha preferito comunque la libertà alla gabbia dorata in cui era stato allevato. Anche in questo caso, visto che il sonetto è molto recente, la struttura è ormai solo un simulacro di se stessa.

 

L’ULTIMO VOLO

Una finestra, un vetro, una carezza

amorevole è tutto, o forse solo,

quello che aveva un corvo, una certezza

nell’infinito, nell’immenso stuolo

 

dei pericoli, un mondo senza asprezza

e inganno, dove mai cadere al suolo

senza alzarsi di nuovo, e l’amarezza

in quel momento in cui spiccava il volo

 

verso la libertà, verso quel cielo

lontano, verso un mondo più sincero,

visto e sognato nel suo cuore anelo,

 

verso la vita, l’unico mistero

di cui giorno per giorno cade il velo,

e che si ama d’amore puro e vero.

 

domenica, 7 aprile 2013

 

 

Nota di Raffaele Pinto, in occasione della pubblicazione del volume   Speculum Salutis. Un canzoniere.

 

Carissimo Federico,

è stata una esperienza molto grata la lettura del tuo Libro. Uso la maiuscola per indicarti subito quello che mi sembra il suo merito maggiore (fra i molti), e cioè la compatta unità del volume, che ne fa un caso rarissimo di testo lirico solidamente strutturato nei suoi nuclei espressivi. I sonetti si leggono non come unità di senso più o meno irrelate, ma come momenti progressivi di un discorso che cresce su se stesso, creando una tensione ed una attesa di lettura che normalmente la poesia non ha. L’impianto petrarchesco e il dialogo con la tradizione incrementano tale effetto di sistematicità sintagmatica. Il suo asse però io lo individuerei nella narratività che impregna ogni singolo frammento.

E vengo all’aspetto più geniale e innovatore della tua poesia, che consiste, credo, nella neutralizzazione (narrativa, appunto) delle dicotomie formali che caratterizzano il sonetto. Tu elimini (quasi sempre) le cesure sintattiche e concettuali fra strofa e strofa, e poi fra ottava e sestina. In questo modo la misura metrica viene completamente assorbita (addirittura dissimulata) dal ritmo di un paratattico monologo interiore che ossessivamente ruota intorno al suo oggetto, indifferente non solo alle cose del mondo, ma anche (a maggior ragione) ai criteri esterni della poesia. L’effetto di naturalezza espressiva è straordinario (e mi ricorda un poco il miglior Pascoli e l’ultimo Montale).

Sul piano della poetica, ho apprezzato enormemente il tuo “epigonismo”, sul quale mi trovi del tutto d’accordo.

Concludendo, auguro al tuo Libro il riconoscimento che merita. Nel movimento di ritorno alle forme chiuse della poesia, e quindi alla tradizione, di cui Neoarcadia è fautrice, sono sicuro che il tuo Libro sarà un modello dei più prestigiosi.

Congratulazioni!

                                                                                              Raffaele Pinto»

llegir més

 

 

Presentació

Ara ja es pot dir amb certesa:  Espriu era cabalista. La qual cosa significa que practicava  un sistema de meditació espiritual que li permetia de transitar, sense prendre gaire mal, per les zones més perilloses de la bastida teosòfica o teològica que l’ésser humà ha aixecat al llarg de mil·lenis de pànic còsmic que ha mirat de superar amb imaginació, reflexió, fantasia, esperança, i tot el que hi vulguem afegir a la idea d’una divinitat absent, incognoscible, allunyadíssima dels problemes humans, que mai no s’ha fet sentir per molt que alguns s’hi entestin. I tanmateix la presència segurament més desitjada i enyorada, perquè en un món on el mal  i el dolor campen amb tota llibertat, sovint ens sentim molt abandonats i de vegades voldríem, com els nens, un pare protector que ens salvés de l’angoixa d’existir.

Espriu era un intel·lectual que posava la raó per damunt de tot:

Anatema contra el qui revolta instints i sentiments contra l’imperi de la raó, l’alta lluminària de l’amor de Déu en la tenebra de l’home. Res al marge de la raó, res en pugna amb la raó, res per damunt de la raó, excepte Déu. (Primera història d’Esther,  Dins Obres completes / Edició Crítica, Vol. 11, p. 74.)

Cuirassat amb l’apotegma es va immergir en l’estudi de les religions tot buscant, a través de la philosofia perennis, els lligams que establien un comú denominador entre totes elles, és a dir, el que en deia la «mística tradicional», la que posa en relació els vedes i el tao amb la mística musulmana i la jueva i aquesta amb la cristiana.

En conseqüència s’interessava pels mites, la gran literatura oral que esdevé lletra, amb què la creativitat dels humans ha mirat d’explicar el significat profund i transcendent des de les coses més simples a les més complexes. Per aquest camí la poesia esdevindrà un món gairebé infinit de ressonàncies compartides. Una immensa literatura encapçalada per la Bíblia. Com deia Espriu, una biblioteca sencera. Un llibre de llibres que la humanitat segueix llegint i estudiant des de fa mil·lenis, malgrat que ja som a l’era digital i que aquest mateix text que ara escric només existirà en un núvol. La imatge és estupenda: un núvol fet de lletres que giren pel cosmos i només s’aturen i s’ajunten ordenadament al conjur d’estranyíssimes combinacions alfanumèriques que sóc incapaç de desxifrar. Eppur si muove.

llegir més